En las Backyard Ultras hay un matiz normativo muy bonito, formalmente solo hay un ganador absoluto (el «Último Puntal») y el resto son técnicamente abandonos (DNF), pero a nivel competitivo y de reconocimiento, la organización corona con honores a los líderes de cada categoría por el número de vueltas completadas.

El running tiene una regla universal no escrita: cruzar la línea de meta lo más rápido posible. Sin embargo, existe un rincón en el mundo del ultrafondo donde esa lógica salta por los aires. El pasado viernes 22 de junio, Gran Canaria se convirtió en el escenario de una batalla despiadada contra el reloj, el cansancio y, por encima de todo, contra los demonios de la propia mente. Se celebró una nueva y esperada edición de la PROVITAL Backyard Ultra Gran Canaria, una cita que ya es un referente de la resistencia agónica en las islas.
Para quienes aún no conozcan el implacable formato son 6,706 kilómetros que debe completarse en menos de una hora. Si terminas en 45 minutos, tienes 15 para descansar. Si terminas en 59, tienes un minuto para beber agua y volver al cajón de salida. Cuando el reloj se pone a cero, vuelve a sonar la campana. No importa si eres el más veloz; el cronómetro es un juez imperturbable y la carrera solo termina cuando queda un único corredor en pie sobre la tierra.



El circuito isleño ofreció todo lo que se puede esperar de un desafío en el archipiélago: contrastes térmicos, la exigencia del terreno y una monotonía psicológica que, vuelta tras vuelta, va erosionando las piernas de los participantes.
Las primeras horas transcurrieron entre el entusiasmo, las risas en los descansos y las estrategias de nutrición e hidratación coordinadas por los equipos de asistencia, auténticos héroes en la sombra sin los cuales sería imposible avanzar cuando la noche cae y el frío empieza a calar en los huesos. Sin embargo, a medida que el segundero completaba giros, el pelotón se fue reduciendo de manera drástica. Los rostros se volvieron serios; el silencio sustituyó a las charlas y las zancadas se transformaron en un ejercicio puro de supervivencia.


Categoría Masculina: El Último Puntal
El gran protagonista de la jornada fue Jonatan Florido, quien se coronó de manera brillante como el «Último Puntal» de esta edición. Florido completó la descomunal cifra de 25 vueltas, lo que se traduce en 167,5 kilómetros devorados hora tras hora.
La victoria de Jonatan no se entiende sin la figura de el penúltimo corredor en retirarse, pieza indispensable en el reglamento Backyard para que el ganador pueda validar su última vuelta en solitario. Ese papel de honor recayó sobre un titánico Isaac Rodríguez, quien se plantó tras completar 24 vueltas (160,8 km), empujando a Florido hasta el límite absoluto en un mano a mano inolvidable.


Categoría Femenina: La Reina de los Loops
En el apartado femenino, la exhibición corrió a cargo de María Díaz, quien demostró una fortaleza mental inquebrantable para proclamarse campeona tras completar 9 loops. Díaz no solo manejó el ritmo con maestría milimétrica en cada salida, sino que dejó claro que en esta disciplina la gestión del esfuerzo y el control de las pulsaciones valen mucho más que la velocidad pura.

Detrás de ella, completando las posiciones de honor en la clasificación de menores de 50 años, firmaron una grandísima actuación Mari Carmen García (segunda posición) y Cathaysa Ramírez (tercer puesto), evidenciando el altísimo nivel y el auge del ultrafondo femenino en las islas.
Mucho más que kilómetros
Más allá de los números y los kilómetros acumulados, la Backyard de Gran Canaria volvió a dejar claro por qué este formato engancha a corredores y público. Cuando el cuerpo dice «basta», es la mente la que toma el control. El compañerismo que se vive en los minutos previos a cada salida —donde los rivales directos se ofrecen comida, comparten masajes o se dan ánimos mutuos convierte a esta carrera en una comunidad efímera pero indestructible.
La edición de este año se cierra con las piernas cansadas, el suelo de los boxes repleto de zapatillas y una certeza absoluta: los límites de la resistencia humana en Canarias siguen estando un paso más allá de lo que creíamos. ¡Enhorabuena a todos los valientes que se atrevieron a escuchar la campana de salida!